RELATOS

MÚSICA IMPOSIBLE

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Soy muy pobre, miserable algunos días, seis de siete, a veces todos, las 24 horas, todos los segundos, siempre.

Me acuesto en mi yacija, una piltra, cuasi fosa; saltan los oxidados fierros, pinchan mis carnes hasta la sangre; he derrotado al tétanos.

Una gata me acompaña en este derrotero al cadalso, mi subida al Gólgota, es tricolor, por eso es hembra. La encontré hace tiempo, arrojada a la noche, a la muerte, y la arrebaté de allí para otra muerte. Cuando leo tumbado en mi cama de clavos ella se echa sobre mis piernas, ora sobre mi pecho, ora a mi lado y recuesta su cabeza sobre mi piel, me mira y parpadea, paso mi mano sobre su hermoso pelaje, cierra los ojos y maúlla, entonces duerme.

Dormimos juntos, si me muevo ella protesta, se molesta y da vueltas hasta acomodarse. Me fascina ver como se lame sus patas, como sujeta su cola, la braza, y pasa su lengua por toda ella. Detesta las croquetas, pero no hay mucho más que comer. Comemos juntos porque ella siempre me ronda, exige y arrebata, brinca y de un zarpazo toma lo que ella piensa que es suyo por derecho. La admiro.

Todos los días me pregunto ¿es feliz? y la cuestiono ¿eres feliz? Yo no sé y ella no me entiende. Me consume la incertidumbre. Necesito saber.

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Muy pronto se terminará el dinero, sé que debajo de la cama hay por lo menos una moneda, puede que hasta tres, quizás mañana me arrastre en el polvo y las busque; mi compañera, la gata, estará a mi lado.

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Hoy tomé, quizás, mi última cerveza; tenía sed, mucha sed, mis labios, sitibundos, manaban sangre. Arrojé el libro al suelo, eran hojas y tinta, un mensaje: “¡Tíralo! Me tumbé sobre la cama y bebí muy lento. Puse un disco de jazz, magnífico. Sólo lo puse, no portaba etiquetas y el embalaje había desaparecido, ni nombres ni intérpretes; pero con cada canción decía: “Es hora de morir”; imposible, las pistas se sucedían apenas con intervalos menores a un segundo.

Desde entonces no he conciliado el sueño ni la muerte, ¿quién podría? La música es asombrosa. He dejado de leer, el tiempo es real, es decir: incomprensible, armipotente. La gata se ha echado sobre mis piernas, se revuelve cada vez que quiere acomodarse y no me deja apartarme de la cama, los fierros me hieren más y más, la sed prospera, el hambre me hace olvidar. Paso mi mano por el hermoso pelaje tricolor, bellos colores, grises, negros, marrones, sólo dos manchas blancas asoman por debajo de su barbilla y en su vientre, son salpicaduras en un lienzo, el pincel derramado a propósito sobre la obra.

Quiero todo al mismo tiempo, quiero morir, pero soy muy pobre, miserable algunos días, seis de siete, a veces todos, las 24 horas, todos los segundos, siempre.

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