Notas de poesía y versos

DE LA VIDA Y LA MUERTE

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La Muerte se encontró con la Vida una tarde estival,

Oh, que calor hacía, la Calaca se derretía;

Sin embargo, la Vida sonreía…

La Parca, tan acallada, parecía estar en un funeral.

 

-Ven conmigo, amiga, – dijo la Vida,

Contesto la Veleidosa -hay que celebrar cada día-,

-Vayamos a comer- hermana mía-,

Respondió la Mocha, -debo trabajar, no es tiempo todavía-

“de ricos y tragones están llenos los panteones”.

 

Por tanto trabajar estaba seca la Dientona,

Ya no se alimentaba por sepultar a los muertos

Viuda, mal pagada, cosmopolita y feona,

Así es esto de la faena de las lágrimas y lamentos.

 

La Muerte es dulce, el postrero susurro de despedida,

Pobrecita de la tía de las muchachas, está tan desvirtuada

 

Que hasta da pavor el mencionarla;

Sin embrago, a todos los ha de llevar, excepto a este escritor

Que la celebra con fervor en estas líneas a  la Tilica.

Allá va la Hedionda, la Madre Matiana, la China Hilaria, la Coatacha,

Oh, cuántos nombres para evocar a aquella pobre Calva, la bella dama de la guadaña.

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OPINIONES

STARBUCKS, O LO IMBÉCIL DE PONERLE NOMBRE A UN VASO DESECHABLE, PERO FUNCIONAL PARA OBTENER DINERO FÁCIL

Me dedico a muchas actividades, todas ellas con el mismo fin: sobrevivir. He sido profesor universitario, de bachillerato y de secundaria; diablero en la central de abastos, de donde me inspiré para escribir Chistes colorados para pervertidos consumados, bajo el seudónimo de Satta; encuestador en elecciones de todos los niveles de gobierno, en muchas ocasiones los priístas me regalaron una torta de tamal y un chesco de lata, Coca Cola, para acentuar la vulgaridad; editor en un par de periódicos, de donde me inspiré para escribir: El chisme como medio de vida, de las viejas argüenderas a los llamados periodistas; redactor en ámbitos gubernamentales; macuarro, allí aprendí a beber una caguama de un solo trago y a mantener el equilibrio mientras subo por una escalera improvisada con 50 kilos de mezcla. He chambeado en tantos lugares que al recordar me fatigo.

Diablero.

Ahora trabajo como guía de conversación en un instituto para la enseñanza del idioma español para extranjeros. Allí me dedico al acompañamiento educativo de los alumnos, refuerzo sus conocimientos, los impulso a hablar en español, los auxilio con sus tareas y comparto la cultura al hacer recorridos y visitas a lugares de interés o al menos señalados por la secretaría de cultura como lugares turísticos. Es un buen trabajo, pero como en todos, la paga nunca es suficiente. Allí he conocido a mucha gente y he hecho algunos amigos. Me reunía con uno de ellos en un Starbucks, fue la primera vez que visité uno de esos antros. Desde su llegada a Méjico, hacía tres, mi amigo acudía a diario a tal sitio a beber café, siempre el mismo. Todos los empleados lo conocían, lo llamaban por su nombre, George y le decían: “¿Lo de siempre, George?”. Nunca supe qué pedía. Yo probaba bebidas diferentes, y son eso, sólo bebidas.

Del otro lado del cristal

Del otro lado del cristal.

Por supuesto era un lugar diferente para mí. Había asistido a “conceptos” llamados cafebrerías, que son restaurantes, bibliotecas y librerías al mismo tiempo; tienen por mobiliario desde lo común: sillas y mesas, hasta espacios estilo árabes donde se puede disfrutar del menú y la convivencia a ras de suelo; así como sillones que más bien eran camas donde los clientes se pueden echar a leer o a dormir; vi a varios sujetos y sujetas empiernados con los rostros cubiertos, cual máscaras, con libros de pasta dura y bonita edición; nunca vi los títulos. En estos lugares también se celebraban presentaciones de libros, y por lo general son puntos de encuentro de escritores e intelectuales, así como personas que se asuman como tal, yo lo definía como un circo de los horrores.

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La miseria de espaldas a los desposeídos. 

Esta breve descripción que acabo de hacer tiene cierto parecido con, al menos, el Starbucks que visité durante una semana. El primer día me resultó extraño, a mi parecer no hay privacidad como en otros cafés, en tanto que los espacios de consumo mantienen distancia de otros, es decir: en otras cafeterías hay mesas con determinado número de asientos, si una pareja ocupa tal sitio guardan una distancia prudente de los otros, así sea de 30 centímetros de la otra mesa. En Starbucks no. Apenas entrar se halla un sillón enorme con mesas delante de él, el cual es ocupado por varias personas desconocidas entre ellas que al conversar, ¡vayan a saber qué cosas se refieren!, mueven manos, pies, cabeza, tronco y se rozan entre sí, la conversación de unos interviene en la de otros por la cercanía de cuerpos y de voces. No es el único caso, al fondo se encuentra una enorme mesa, cual mobiliario de biblioteca, donde los comensales se sitúan con sus dispositivos móviles, en particular laptops, para hacer quién sabe qué actividades. Hay algo más en común en estos sujetos, además de su presencia allí y por supuesto su consumo; sus rostros son idénticos a los gestos que hacen los actores de Hollywood cuando se encuentran delante de un computador y han descubierto un asunto muy delicado, ese gesto es serio, retador y ridículo, en fin, una pose, un acto imbécil.

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Mal lugar para leer.

Por último, en cuanto espacios para descansar, este café cuenta con sillones ligeros, individuales, ordenados por pares, uno delante de otro y uno más al lado, en medio de ellos dos pequeñas mesas redondas. En estas últimas era donde nos sentábamos a estudiar. Siempre, todos los días, tuvimos frente a nosotros a otros sujetos y sujetas. Esto, para mí, representa una invasión territorial de ese espacio que se obtiene por derecho de consumo y asistencia primera. Pero no allí. Compartíamos los asientos y las mesas, las cuales son muy pequeñas; no obstante mezclábamos la basura, los residuos líquidos, los lapiceros, las voces y los ruidos. Es insoportable. Sin embargo a la gente le encanta no compartir ese lugar, sino ser observada y escuchada, que los demás se den cuenta que están ahí, no sólo por sus ideas, sino por el lugar, es decir: van a dicho muladar para compartir ideas, lo cual es común, ultra vulgar, los borrachos hacen lo mismo, así como los criminales, pero Starbucks ha vendido esa idea de superioridad sólo para acudir a sus sucursales.

Vajilla común.

Es aquí donde retomaré el concepto de cafebrerías. Starbucks, si bien no tiene ese enfoque, acuden personas con afinidad a ello. Durante esa semana pude observar, una y otra vez, a varios clientes que se apostaban con su laptop y escribían mientras hablaban por teléfono con tono pedante acerca de política sólo para ensalzar a tales rateros; otro día vi a una pareja de poetas, y con esto me refiero a un hombre y una mujer sin afirmar si acaso mantenían una relación sentimental, que consultaban su laptop y escribían en hojas sueltas, con lapiceros de colores de tinta brillante y quizás aromática, lo que pudieron ser poemas por la forma de su estructura, semejante a la escritura de sonetos, algunos más extenso que otros. También llegaban muchas personas con disfraces del mismo estilo, de esos que llaman “hipsters”, ropa colorida, ridícula, horrible; eran los más. Además de todos éstos, se hallan los lectores. De ellos había al menos uno cada día. Pedían alguna bebida y algo de comer y se sentaban a leer rodeados, atrapados por ese repugnante ruido. El acto de leer constituye la soledad, como un asceta que medita para no contaminarse del mundo; eso mismo es la lectura, un diálogo con las ideas, consigo mismo, con el autor; es la ensoñación, la transmutación de un estado caótico al encuentro con el espíritu; constituye una rebelión, y éstas siempre se planean en secreto. Este acto de lectura que hacen tales sujetos es un espectáculo de vanidad, de afirmación inútil ante el otro, y el escenario es una vulgar cafetería, que para reafirmar la presencia del desconocido el vaso donde se servirá su bebida es rotulado con el nombre del cliente. ¡Y funciona!

Nombre verdadero.

Hice un buen amigo en ese Starbucks, fue lo único bueno, pues su café, el cual es producido en Méjico a bajo costo y vendido a precios de locos en estos establecimientos, no me gustó. Además una vez los empleados escribieron mal mi nombre, redactaron: Jorgeo.

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ESTO ES LO QUE PASA EN MÉXICO, OPINIONES

FACEBOOK, EL CONTINENTE IMBÉCIL

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Desde la aparición de Facebook se habló de las posibilidades de comunicación y conectividad entre sus usuarios, así como la pérdida de privacidad de los mismos; cualquiera que use esta red social es vulnerable pues se otorga información personal que luego es vendida a empresas, la cual también puede ser obtenida por delincuentes y criminales. Allí se encuentra la dirección, teléfono, cientos de fotos de familia, amigos, mascotas, el interior y exterior de la vivienda, afinidades, lugares visitados con frecuencia, incluso la localización. Cualquiera podría secuestrar y matar no sólo por dinero, sino por diversión, por venganza, en fin, hay tantos motivos y razones para asesinar a alguien.

Esto que acabo de enunciar fue motivado por un hecho que la gente calificó como indignante. Hace un par de días los usuarios de una ruta de transporte público fueron asaltados con violencia; esto pareciera normal, y lo es en un sin número de rutas, pero en este hecho la violencia fue mayor, pues los delincuentes golpearon a los pasajeros: hombres, mujeres, niños, ancianos. De acuerdo con los testimonios de las víctimas ocho masculinos abordaron el vehículo y amagaron con armas de fuego a los usuarios, arrebatáronles sus pertenencias y algunos fueron golpeados al azar, incluso una mujer presentó un episodio de crisis nerviosa. Estos hechos fueron grabados, al parecer, con un celular, quizás el único que no fue robado. La grabación se hizo viral en redes sociales y de ella se sirvieron diversos medios informativos, que no periodísticos, para comunicar este suceso, al cual tildo de infamante.

NOTICIA Y VIDEO DEL ROBO

A las pocas horas de hacerse viral nueva información salió a la luz. Al parecer, uno de los rateros, al huir, tiró su celular, alguien de los agraviados lo encontró y halló la cuenta de Facebook del susodicho, abierta. No tardó en compartir las imágenes en redes sociales, identificar entre los contactos a los demás raterillos y publicar sus nombres y ubicación. Si robaron todos los celulares y encontraron éste, ¿acaso se hizo el video con el teléfono del rata?

CAZA DE RATAS

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Enseguida la gente se volcó a sus dispositivos de comunicación y publicó diatribas en contra de esos sujetos, iniciativas de venganza, incluso alguien ofreció recompensa por uno de ellos sólo si lo entregaban vivo. Entre cientos de comentarios un usuario brindó la ubicación de otro ratero, decía ser su vecino y haber comunicado a las autoridades y medios de información las actividades delictivas de éste y otros sujetos quienes conformaban una banda de asaltantes; de acuerdo con su testimonio, ni las autoridades, como se les suele llamar a esos aparatos opresores, inválidos para hacer justicia, lo cual incluye los diferentes niveles de gobierno y entes corruptos, ni los heraldos de esta miasma, es decir, los medios de comunicación, habían siquiera mencionado algo de estos miserables.

Más tarde fueron publicados más rostros y familia de los rateros. En esta ocasión algunos usuarios decidieron organizarse para capturar a las ratas y tomar venganza contra miembros de sus familias, entre ellos bebés y niños. El odio se acentuó, la idea de organizar la venganza cobraba fuerza, no así la iniciativa. Y de pronto las diversas páginas de medios informativos se tornaron en un foro, cual plan maestro de Facebook para fracasar las acciones reales, transformadoras, y tal comunidad asistió a un sucesión de opiniones imbéciles, que dan fe de la incultura y la ignorancia de una vida estéril, gente que por tener acceso a internet aprovecha tal privilegio para escribir, por lo general muy mal, las ideas que obtienen de la cloaca, de las calles, de boca en boca como un chisme, pues las palabras son similares cuando no idénticas y repiten cual letanía, a veces con frases más estúpidas, la idea imposible que Hollywood ha dicho hasta la náusea, el guion del héroe: “no lo hagas, pues si lo haces serás igual que él (el villano, el malo)”.

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Con fundamento en ese supuesto ideal la gente ha condenado a quienes refieren sus deseos de venganza, aseguran que los niños son inocentes, que no tiene  culpa; nada más falso, los niños, como ellos los llaman, no son sino fieras, entes detestables que tras esa máscara de inocencia operan con frialdad, cinismo y descaro, ¿acaso no son ellos en quienes se registran más casos de bullying, de maltrato animal, de episodios de ira y mentiras descaradas?

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Las opiniones suscitadas se polarizaban sin aportar una idea, algo revelador, sino sólo falacias; la mayoría concluía que los niños no deberían ser castigados, y otorgaban a sus palabras un acento cuasi divino, como si cada uno de esos engendros repugnantes fuera la culminación de una profecía, algo así como un cristo. Imposible. Nunca. Ninguno de esos comentaristas tiene idea del contexto donde se desarrollarán esos “inocentes”.

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Y desde aquí impelo a consumar la venganza no sólo contra esas ratas, gonorreas malparidas, sino que el acto de justicia se extienda a todos los que por la omisión de sus actos, negligencia y corrupción, permiten que el mundo todo sea una cloaca.

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RELATOS

MÚSICA IMPOSIBLE

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Soy muy pobre, miserable algunos días, seis de siete, a veces todos, las 24 horas, todos los segundos, siempre.

Me acuesto en mi yacija, una piltra, cuasi fosa; saltan los oxidados fierros, pinchan mis carnes hasta la sangre; he derrotado al tétanos.

Una gata me acompaña en este derrotero al cadalso, mi subida al Gólgota, es tricolor, por eso es hembra. La encontré hace tiempo, arrojada a la noche, a la muerte, y la arrebaté de allí para otra muerte. Cuando leo tumbado en mi cama de clavos ella se echa sobre mis piernas, ora sobre mi pecho, ora a mi lado y recuesta su cabeza sobre mi piel, me mira y parpadea, paso mi mano sobre su hermoso pelaje, cierra los ojos y maúlla, entonces duerme.

Dormimos juntos, si me muevo ella protesta, se molesta y da vueltas hasta acomodarse. Me fascina ver como se lame sus patas, como sujeta su cola, la braza, y pasa su lengua por toda ella. Detesta las croquetas, pero no hay mucho más que comer. Comemos juntos porque ella siempre me ronda, exige y arrebata, brinca y de un zarpazo toma lo que ella piensa que es suyo por derecho. La admiro.

Todos los días me pregunto ¿es feliz? y la cuestiono ¿eres feliz? Yo no sé y ella no me entiende. Me consume la incertidumbre. Necesito saber.

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Muy pronto se terminará el dinero, sé que debajo de la cama hay por lo menos una moneda, puede que hasta tres, quizás mañana me arrastre en el polvo y las busque; mi compañera, la gata, estará a mi lado.

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Hoy tomé, quizás, mi última cerveza; tenía sed, mucha sed, mis labios, sitibundos, manaban sangre. Arrojé el libro al suelo, eran hojas y tinta, un mensaje: “¡Tíralo! Me tumbé sobre la cama y bebí muy lento. Puse un disco de jazz, magnífico. Sólo lo puse, no portaba etiquetas y el embalaje había desaparecido, ni nombres ni intérpretes; pero con cada canción decía: “Es hora de morir”; imposible, las pistas se sucedían apenas con intervalos menores a un segundo.

Desde entonces no he conciliado el sueño ni la muerte, ¿quién podría? La música es asombrosa. He dejado de leer, el tiempo es real, es decir: incomprensible, armipotente. La gata se ha echado sobre mis piernas, se revuelve cada vez que quiere acomodarse y no me deja apartarme de la cama, los fierros me hieren más y más, la sed prospera, el hambre me hace olvidar. Paso mi mano por el hermoso pelaje tricolor, bellos colores, grises, negros, marrones, sólo dos manchas blancas asoman por debajo de su barbilla y en su vientre, son salpicaduras en un lienzo, el pincel derramado a propósito sobre la obra.

Quiero todo al mismo tiempo, quiero morir, pero soy muy pobre, miserable algunos días, seis de siete, a veces todos, las 24 horas, todos los segundos, siempre.

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OPINIONES

BOOKTUBERS ¿PARA QUÉ?

Los libros que he leído por recomendación son escasos: La marrana negra de la literatura rosa, de Carlos Velázquez; La conjura de los necios, de John Kennedy Toole; y Matadero 5, de Kurt Vonnegut. Me fueron sugeridos por amigos con los que daba largos paseos en bicicleta hasta el otro lado de la ciudad para terminar en un bar abierto en la madrugada, donde muchas veces fuimos testigos de apuñalamientos y disturbios, felaciones por debajo de la mesa hechas por horribles prostitutas. Uno de mis compañeros incluso escribía poemas bajo la  luz violeta de un foco de 40 vatios. Esas personas fueron quienes me dijeron: “Lee esto”. Sus palabras eran reales, sus interpretaciones eran geniales, hablaban como si escribieran un ensayo, vinculaban el texto con otras lecturas, ya saben, la intertextualidad; proponían una tesis y concluían con una gran idea. Desde aquellos amigos, no he vuelto a escuchar a nadie más.

¿Por qué hablo de esto? Porque hay un grupo de personas que se dedican a recomendar libros, y no me refiero a los críticos, sino a algo peor, vulgar: los llamados booktubers. No cuento con mucha información de ellos, de este fenómeno, sino que el infortunio de un encuentro con algunos miembros de este grupo se debió a la reproducción automática de Youtube.  Acostumbro  escuchar videos en dicha red social mientras estudio online, así, mientras estoy en la laptop, el Xbox reproduce el contenido audiovisual; a veces pongo música o conferencias literarias. Fue así que, al finalizar las ponencias acerca de nuevas lecturas del Quijote, continuó un video a medio camino entre lo amateur y lo profesional. Una chica, arreglada a propósito para su presentación, ocupa el centro de la pantalla, detrás de ella una breve biblioteca donde se pueden observar muchos de sus títulos, incluso por su gran colorido; la mayoría de ellos es de corte romántico-juvenil. La joven se presenta y acto seguido habla del libro o los libros que ha leído con una actitud infantil; su reseña, pues así la llama ella, no es más que un informe de lectura de nivel primaria, es decir: tramas, personajes, narrador y de las cosas “lindas” que descubrieron en su lectura. El video muestra elementos de posproducción, grabado en HD, filtros, emojis, cambios de voz, en fin, un espectáculo.

BooktubersAl finalizar el video continuó uno idéntico. Una chica con los mismos elementos: grabación HD, ubicada en el centro de la cámara, detrás de ella una pequeña biblioteca con varios ejemplares que también aparecían en el librero de la otra booktuber; la reseña que presenta es idéntica, básica y torpe; su comportamiento también es infantil, sus emociones al leer tal o cual libro de moda de corte romántico-juvenil son disparatadas. La posproducción del video era idéntica: filtros, elementos visuales insertados durante la reseña, cambios de voz, en fin, una repetición de contenido.

Los videos continuaron y mostraban lo mismo, hombres o mujeres hablaban una y otra vez de los mismos libros, ejemplares ligeros, best sellers, lecturas de moda; pero no sólo eso, sino que la expresión de los comentaristas era idéntica, es como si varias personas imitaran a un párvulo; la producción de sus videos, igual. Y hay que mencionar que han hecho de ese espectáculo imbécil un juego tonto, lo cual ha derivado en posicionar al booktuber en primer nivel de impacto, pues sus seguidores plantean cuestiones focalizadas en la vida privada del sujeto, incluso las preguntas que tienen un tinte literario: “¿De qué personaje te has enamorado?, ¿Cuál fue el primer libro que leíste?, ¿Cuánto gastas en libros al mes?, ¿Cuál es tu libro favorito?, ¿Cuál es la saga que odios y todo mundo ama? Y otros van más allá, pues ven al libro como un producto ornamental, un fetiche; algunos sólo compran ejemplares de tapa dura, porque si adquieren otra edición desentona con los demás libros, incluso dicen que tal o cual volumen es dos o tres centímetros más grande o pequeño que el resto; incluso que no combina con sus libreros, por lo cual tendrán que adquirir uno que empate con ello.

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Se trata de niños delante de una cámara que juegan a leer literatura fácil. No comprendo de dónde tienen tantos seguidores por copiar la imagen de otro una y otra vez, a saber quién o qué es el original. Ya lo he dicho, no tengo mucha información de estos sujetos, ni cuál es su motivación de presentar una y otra vez las mismas obras en idéntico formato de otros. Estos sujetos recomiendan hasta la náusea con poses imbéciles cientos de libros que bien podrían ser llamados: chismes. No puedo entender cómo una mala y tonta reseña es capaz de obtener tanta atención, y este hecho se repite una y otra vez hasta el hartazgo, al menos para mí. Entonces pensé: “me gustaría ver a uno de estos tipos como ponente en un importante coloquio literario y comunicar, como miles de ellos saben, sus fútiles reseñas”.  ¿Podrían decir: “he descubierto esto y he aquí mi interpretación?”

Estoy seguro que esto ha progresado tanto que deben existir congresos de estos reseñistas. Ninguna idea, ninguna tesis, sólo reseñas con ademanes, gritos y muecas.

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Miseria humana, RELATOS

Sttorybox

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Sttorybox es una plataforma para crear y compartir historias, poemas, pensamientos, máximas, “una comunidad literaria en la que autores y lectores interactúan desde el comienzo de cada historia . ¿Te imaginas conocer la opinión de tus fans desde las primeras líneas de tu relato? ¿O que sean ellos los que decidan qué historias continúan? Eso es exactamente lo que te proponemos en Sttorybox”.

Las historias se pueden leer (visitar), votar, comentar y por supuesto, elegir tus favoritas y seguirlas. La experiencia es interactiva y supone un reto el escribir, como es, pues de acuerdo a los likes y puntajes tu nivel de escritor aumenta.

Qué esperas, crea tu cuenta ya y comienza tu carrera literaria.

Enseguida dejo el link a una de las cuentas con contenido un tanto bizarro.

 

http://www.sttorybox.com/users/grand_barrio

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Notas de poesía y versos

LA JIJURRIA

 

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Venía molesta la Jijurria, corría apresurada,

Pues ya se le hacía tarde  para que su trabajo realizara

Pero con tantos vehículos que transitaban,

Se cuidaba de no ser quien con ella misma cargara.

 

Estaba uno por morirse, ya se le había pasado su tiempo;

Sin embargo, La Pálida estaba atrapada en el pecero,

Qué dirá el Fulano de este terrible contratiempo,

Ya quiere morir y La Calaca viene a destiempo.

 

Se le queman los huesos a la Tilinga por el infame calor,

Y la gente se aleja de ella, no por ser La Muerte, sino por su hedor;

Ya no la temen ni la respetan, la empujan y la apresuran,

Las redes sociales y los celulares la tienen de mal humor.

 

Qué necedad de desperdiciar la vida en un celular,

La Pepenadora está dispuesta a ayudar,

Pero hay tantos de éstos que no sabe por quién comenzar.

No hay que olvidar que un Fulano ya espera a La Hora de la Verdad.

 

El paciente debe esperar, La Señora de la Guadaña una avenida no puede cruzar,

Ora por los semáforos, ora por los autos,

Pobrecita de ella, tanto ha marchado que ya no tiene zapatos,

Alguien, con su vida, calzado tan caro habrá de pagar.

 

Desesperada por atravesar, camina sin temor de nada,

Pero alguien viene, y lo  mira extrañada…

Llega hasta ella el Fulano, el de la cita macabra,

Vengo por ti – le dice el impaciente – porque si no, no me voy de parranda.

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